
El viento susurro una caricia a mi nombre, tu la viste y la nombraste, la señalaste con tu dedo índice, indicando el camino de regreso de ese susurro enmarañado en algunas nubes peligrosas como guerrillas de lluvia, pero que mas te podía decir, o insinuar a tus dedos de larga envergadura o a tus rizos al viento que eran insinuaciones de mis gotitas de lluvia de colección. De hecho le pido a tu dedo una leve inclinación para que apuntara orondo y sutil a esa parte de mi que ahora te gusta escarbar en busca de respuestas, y el, rebelde y sincero me dice que se guarda, que no es prudente señalar el corazón de alguien si lo le pertenece, y yo ahora tengo el valor, el complejo sacrificio de decirte con tono solemne y poético:
Una ves encontré una luz, ella me pidió una prueba de fidelidad y yo sin mas pretextos comencé a desarmarme, esa luz huyo y me dejo en partes rotas, regadas sin orden en el suelo, no fue fácil construirme, no fue fácil hallar partes que encajaran, por eso acá don de me ves, estoy llena de tierra, de piedras, de huesos, de nubes de lluvia y de unas cuantas soledades.
Camine bastante por la condena de los tiempos de hacerlo, con conciencia olvidada de mi tango escrito en la espalda, de mis alas milongueras en busca de un son de bandoneón que no llegaba, estaba perdiendo los pasos, estaba dando vuelos inconstantes por bolicheras llenas de ganas y de azares, pero no estabas hay, pues las sombras no te nombraban y mis tontos ojos no sabían verte mas allá de sus recuerdos.
De repente sin previo aviso callo una lluvia torrencial y siempre recta, siempre constante sobre mi cabeza, me obligo meterme en el café de las ausencias, y allí estabas tu, oronda y con deseos de deslices pasajeros por la ausencia de unas alas que no entendías. Yo me acerque cautelosa y con sutiles maneras cite a Benedetti para pedir una copa de coñac, el cantinero me miro extrañado y me trajo una cerveza con sabor a waffle,- raro sabor- dije a tus inquietos rizos, y di otro sorbo con la esperanza de una respuesta, nada raro en ti, volteaste me sonreíste y cambiaste mi cerveza por tu café enmarañado en tu pasado, quizás miraste mi cara de agrado y desconsuelo, era un café con un sabor familiar, pero que no iba en mi cafetera, tome un sorbo y lo baje de inmediato, te dije que esas porquerías mataban y soltarse tu primer escándalo de risas, con el carnaval de tus sensaciones, pude quitarme el sombrero y el gabán, y pedirte una sutil danza de la barra a una mesa, tu de tres saltitos de valet llegaste a la mesa tres, con pasos firmes de marcha inglesa llegue yo a la vera de tu numero , y allí descargada de mi gabán, mi sombrero y mis mascaras, preste atención a cada una de tus silabas, al jugueteo infantil de tus coladas fantasías, tome atenta nota a tus ojos perdidos en un espacio vacío y trate de conquistar mas allá de mis maneras tus ganas de un nuevo café.
Confieso que mientras te convencía de la dinámica que tienen los vuelos, los minutos me pateaban las entrañas por no revelarte el secreto que había encontrado en tus mágicos movimientos, y yo hay medio atontada, medio seria rescataba de tus ahogados zapatos palabras de esperanza a tu hermosa alma envuelta entre capaz de dolor que yo quitaba con facilidad de experto pelador de cáscaras de imprecisiones, mientras tu mirabas en la ventana un mar pintado de tantas añoranzas que me dieron celos del mar rabioso rompiéndose con la arena, te pedí una mirada, que iba a decirte algo importante, delicado y un poco voluble para donde estábamos, sugeriste que saliéramos enseguida descargue todo lo que tenia y abandone, mi gabán mi sombrero y el par de miedos que entretuve con uno cubillos de azúcar desparramados en la mesa; mientras salíamos alguien te tomo del brazo y yo tuve que frenar en seco, no era nada raro que alguien como tu, amante del café, los sueños y uno que otro amanecer tuviese alguien a su lado, no fui capaz de mirar atrás solo te dije que te tomaras el tiempo que necesitaras que yo iba a estar esperando en el portón, de lejos mis picaras miradas se deslizaban sigilosas para ver como te soltabas afanosa y con vestigios delirantes de un pasado doloroso y lleno de cicatrices que valore contemplar, al ver como tu aliento cansado se posesionaba de tu respiración, para poder llegar a la puerta a mi lado.
No pregunte nada de ti, solo dejaba que las palabras inquietas salieran a seducir mis oídos, yo estaba rendida desde el principio, pero quería dar la batalla y no demostrarte mi derrota evidente en esta pelea arreglada de amarte desde el primer instante que supe quien eras, tu volabas sin darte cuenta y yo maravillada veía tus pies despegarse del suelo, sentía el dolor profundo de mis alas extendiéndose para lograr su máximo tope, para alcanzarte, caminaste tan sigilosa entre las nubes que nunca te preocupaste por mirar el suelo, ni por percatarte que yo deliraba de dicha al ver como rectificabas la lluvia, mi promesa, mi pacto con los cielos, de saber que cuando la lluvia pudiera caer recta, sin que el envidioso viento la manipulara en ese instante, ella lluvia, esas gotas eran muestra y verdad de que habías llegado a mi vida.
Te hable de vidas, de alas, de vuelos, y de física, de renovación y de metas que cumplir, pero no conmigo, por ti, para quien llegara, pero el centro de mi pecho te gritaba con fuerza que eras tu esa esperanza y respete hasta el ultimo instante, calle a medias que estaba allí para ti, y que el miedo dominaba mis palabras. Pero tú con la delicadeza de tus arrullos, de tus silencios, de estas soledades acompañadas, sedujiste a la tristeza, abrigaste mis miedos y tumbaste el muro que me separaba de este amor que solo se promueve y se mueve en tu dirección.
Por eso le sustento a tu dedo índice que me señale el corazón para que descubra el pecho abierto lleno de ganas de mares y de universos de amor guardados solo para ti. Por eso te sustento, me inclino y descubro tus ojos en mis pasos y tu caricia en mi sombra, por ello te digo que hoy te amo mas de lo puede haber amado, que se que tengo vidas buscándote y que encontrarte me llena de vida de delirios de pasado y de recuerdos…
Por eso mis gironés ya tienen donde posarse para ser inquietos en tus rizos conservados por la marea, y mis eclipses descansan a la sombra de tus labios y este corazón gigante, he infinito como el universo se posa, descansa y se guarda en tu pecho, en tu infinita mirada para nunca dejarme salir de allí.
Solo te pido un deseo, una sugerencia una suplica, si algún día una estrella te seduce, o unas alas te hacen volar mas lejos… se feliz y no te detengas por mi, pues te amare, como siempre te pude amar antes que llegaras, y te amare mas ahora que conozco tu rostro tus ganas tu voz y tu corazón…
Una ves encontré una luz, ella me pidió una prueba de fidelidad y yo sin mas pretextos comencé a desarmarme, esa luz huyo y me dejo en partes rotas, regadas sin orden en el suelo, no fue fácil construirme, no fue fácil hallar partes que encajaran, por eso acá don de me ves, estoy llena de tierra, de piedras, de huesos, de nubes de lluvia y de unas cuantas soledades.
Camine bastante por la condena de los tiempos de hacerlo, con conciencia olvidada de mi tango escrito en la espalda, de mis alas milongueras en busca de un son de bandoneón que no llegaba, estaba perdiendo los pasos, estaba dando vuelos inconstantes por bolicheras llenas de ganas y de azares, pero no estabas hay, pues las sombras no te nombraban y mis tontos ojos no sabían verte mas allá de sus recuerdos.
De repente sin previo aviso callo una lluvia torrencial y siempre recta, siempre constante sobre mi cabeza, me obligo meterme en el café de las ausencias, y allí estabas tu, oronda y con deseos de deslices pasajeros por la ausencia de unas alas que no entendías. Yo me acerque cautelosa y con sutiles maneras cite a Benedetti para pedir una copa de coñac, el cantinero me miro extrañado y me trajo una cerveza con sabor a waffle,- raro sabor- dije a tus inquietos rizos, y di otro sorbo con la esperanza de una respuesta, nada raro en ti, volteaste me sonreíste y cambiaste mi cerveza por tu café enmarañado en tu pasado, quizás miraste mi cara de agrado y desconsuelo, era un café con un sabor familiar, pero que no iba en mi cafetera, tome un sorbo y lo baje de inmediato, te dije que esas porquerías mataban y soltarse tu primer escándalo de risas, con el carnaval de tus sensaciones, pude quitarme el sombrero y el gabán, y pedirte una sutil danza de la barra a una mesa, tu de tres saltitos de valet llegaste a la mesa tres, con pasos firmes de marcha inglesa llegue yo a la vera de tu numero , y allí descargada de mi gabán, mi sombrero y mis mascaras, preste atención a cada una de tus silabas, al jugueteo infantil de tus coladas fantasías, tome atenta nota a tus ojos perdidos en un espacio vacío y trate de conquistar mas allá de mis maneras tus ganas de un nuevo café.
Confieso que mientras te convencía de la dinámica que tienen los vuelos, los minutos me pateaban las entrañas por no revelarte el secreto que había encontrado en tus mágicos movimientos, y yo hay medio atontada, medio seria rescataba de tus ahogados zapatos palabras de esperanza a tu hermosa alma envuelta entre capaz de dolor que yo quitaba con facilidad de experto pelador de cáscaras de imprecisiones, mientras tu mirabas en la ventana un mar pintado de tantas añoranzas que me dieron celos del mar rabioso rompiéndose con la arena, te pedí una mirada, que iba a decirte algo importante, delicado y un poco voluble para donde estábamos, sugeriste que saliéramos enseguida descargue todo lo que tenia y abandone, mi gabán mi sombrero y el par de miedos que entretuve con uno cubillos de azúcar desparramados en la mesa; mientras salíamos alguien te tomo del brazo y yo tuve que frenar en seco, no era nada raro que alguien como tu, amante del café, los sueños y uno que otro amanecer tuviese alguien a su lado, no fui capaz de mirar atrás solo te dije que te tomaras el tiempo que necesitaras que yo iba a estar esperando en el portón, de lejos mis picaras miradas se deslizaban sigilosas para ver como te soltabas afanosa y con vestigios delirantes de un pasado doloroso y lleno de cicatrices que valore contemplar, al ver como tu aliento cansado se posesionaba de tu respiración, para poder llegar a la puerta a mi lado.
No pregunte nada de ti, solo dejaba que las palabras inquietas salieran a seducir mis oídos, yo estaba rendida desde el principio, pero quería dar la batalla y no demostrarte mi derrota evidente en esta pelea arreglada de amarte desde el primer instante que supe quien eras, tu volabas sin darte cuenta y yo maravillada veía tus pies despegarse del suelo, sentía el dolor profundo de mis alas extendiéndose para lograr su máximo tope, para alcanzarte, caminaste tan sigilosa entre las nubes que nunca te preocupaste por mirar el suelo, ni por percatarte que yo deliraba de dicha al ver como rectificabas la lluvia, mi promesa, mi pacto con los cielos, de saber que cuando la lluvia pudiera caer recta, sin que el envidioso viento la manipulara en ese instante, ella lluvia, esas gotas eran muestra y verdad de que habías llegado a mi vida.
Te hable de vidas, de alas, de vuelos, y de física, de renovación y de metas que cumplir, pero no conmigo, por ti, para quien llegara, pero el centro de mi pecho te gritaba con fuerza que eras tu esa esperanza y respete hasta el ultimo instante, calle a medias que estaba allí para ti, y que el miedo dominaba mis palabras. Pero tú con la delicadeza de tus arrullos, de tus silencios, de estas soledades acompañadas, sedujiste a la tristeza, abrigaste mis miedos y tumbaste el muro que me separaba de este amor que solo se promueve y se mueve en tu dirección.
Por eso le sustento a tu dedo índice que me señale el corazón para que descubra el pecho abierto lleno de ganas de mares y de universos de amor guardados solo para ti. Por eso te sustento, me inclino y descubro tus ojos en mis pasos y tu caricia en mi sombra, por ello te digo que hoy te amo mas de lo puede haber amado, que se que tengo vidas buscándote y que encontrarte me llena de vida de delirios de pasado y de recuerdos…
Por eso mis gironés ya tienen donde posarse para ser inquietos en tus rizos conservados por la marea, y mis eclipses descansan a la sombra de tus labios y este corazón gigante, he infinito como el universo se posa, descansa y se guarda en tu pecho, en tu infinita mirada para nunca dejarme salir de allí.
Solo te pido un deseo, una sugerencia una suplica, si algún día una estrella te seduce, o unas alas te hacen volar mas lejos… se feliz y no te detengas por mi, pues te amare, como siempre te pude amar antes que llegaras, y te amare mas ahora que conozco tu rostro tus ganas tu voz y tu corazón…
