lunes, 25 de marzo de 2019

En construcción...


Me dejo en una sala de espera con la agenda abierta y esperando que se volviera humana de nuevo.
Creo haciendo lo posible por sentirme esperanzada - y bien sabido que no debería- de algunas conversaciones fugaces con otras ellas que no son.
Estoy recuperando los días de mi vida, sin tener que pensar en algo ajeno a llegar a la cama para descansar. Se mira un futuro y no se asegura nada, todo en el naufragio tiende a ser vital, y después estorbo.
Quizás me falta, como a todos un momento a solas, mirando al horizonte, ebria pérdida, llorando, ahogada.
Y en el amanecer agradecer el sentir el corazón en reconstrucción, aunque aún no se tengan los materiales para seguir.

viernes, 28 de diciembre de 2012

Panteón

(Despues de leer escuche esta cancion he imaginese viajando, y respirando nuevos aires http://www.youtube.com/watch?v=tWVczOJiAVA )

Mi soledad ha sugerido que deje de pensar, que a pesar que mi cerebro se mueva en miles de revoluciones, tengo el freno de mano, tengo las palabras y las ganas atoradas en la garganta.
Me pide que me levante y busque en lo desconocido de lo común de mi pueblo, algún lugar donde crear una rutina de café, esta vez sin cigarrillos, ella sabe que quizás eso no lo cumpliré, por el recuerdo de su recomendación, omita la parte que menciono el vicio.

Y no es que mis pensamientos sean malos o perversos, por lo contrario, están llenos de tanta poesía y significado que quien los viera, sabría de inmediato que está en mi cabeza, que no es un laberinto complejo, solo un laberinto con pistas diversas, un uróvoro de posibilidades que no se agotan porque simplemente siempre quedo con la incertidumbre de que hubiese pasado en esa otra posibilidad.

Quisiera ser mi gato sin tantos maullidos, solo con la mirada fija en su amo, que no entiende nada de sus instintos y sus ganas, de esa opresión en el pecho, de querer salir y no poder, de querer escapar pero siempre estar acorralado, atrapado.

Creo que eso es lo que pasa, estoy atrapada entre tanta telaraña de pensamiento y solo veo una ventana, aun a sabiendas que si subo la mirada tengo un cielo inmenso, pero las ganas de volar las tengo limitadas a los pasos, y no por que no vuele en mi soledad austera, es que esta soledad está arraigada al piso, se está convirtiendo en mi torturadora. Ya no es mi compañera placentera, ya no es mi cómplice de saber cómo es aquella, ya no me susurra en buenos términos mi evidente abandono de todo y de todos, ahora es la jueza que me encuentro en cada esquina de la casa recriminándome su presencia constante en mi vida, ella está cansada de mí, y yo me estoy acostumbrando de mala manera a ella.

Entonces corro desesperadamente a mi refugio, a mis libros, mis dibujos, y las esquivas letras que ya no se asoman a mi ventana, ni mueren en mis techos, ni se embriagan con luz de mis faroles, ellas se han cansado de salir sin sentido, ellas se han muerto de desamor primero que yo.

Quisiera llorarlas, enterrarlas y pronunciar silencios en su honor, pero no me atrevo a tocar sus cadáveres, por miedo a que se despierten enojadas por profanar donde decidieron morir, como si los restos de alma pegados a cada palabra y letra se hubiesen arraigado al dolor de mi soledad cansada, mis pensamientos inútiles y constantes, lo que yo decidí por cárcel para mis alas y el avioncito de papel que se desmorona en la jaula de mi pecho.

Entonces lleno de luces mi techo, como imitando a la noche estrellada y siento el viento triste del panteón de mis palabras, muertas de tantos pensamientos agolpados en la garganta, y otras tantas haciendo la peregrinación en la agonía, de sentir y no poder decir nada, por tener los significados cocidos en la espalda sin ningún lector cerca, sin ningún corazón que se compadezca de su agobiante destino, de su inminente muerte.

Asi que pienso que lo mejor es comenzar y retomar algunos pasos de mi peregrinaje, perderme en algún camino fumando el aire que trae la carretera, grabando en mi pecho el sonido otras tierras, llenando mi cabeza de solo pasos, del tiempo que da el camino y de vuelos cortos, con nuevas letras, con una soledad renovada.

Me voy con los atardeceres que me logre tatuar en este recorrido, y con la promesa en la esquina de la luna de volver pronto, quizás más triste, pero cubierta de pasos, quizás más sola, pero con más historias, quizás más callada, pero con la mente volando, quizás con más palabras, para el panteón que se ha creado en mi techo.

domingo, 26 de agosto de 2012

Proyector de siluetas

Hoy fui camino entre sus pasos, fui cámara en su encuadre, fui la historia del ruido de fondo, mientras ella como gato, buscaba entre sus sutiles movimientos la oportunidad de una mirada cercana que le permitiera volver ese espacio plagado de respiraciones agitadas, gritos sordos de razón, volver el lugar un único espacio silencioso donde nadie interrumpiera, esa cotidianidad de pensarla y ver entre los hilos de sus dedos, la madeja de las palabras que le son tan esquivas, una musa utópica, un imposible tangente.
Entonces como era prudente, a pesar de ver las historias hiladas, maltrechas, decidí ver sin intervenir, aun con la certeza de no encontrar en ese lugar algún traductor para mi realidad de astronauta, camine despacio por la habitación tratando de retratar y grabar con recelo la noche que me cubría. Encontré una ventana tranquila, una ciudad pintada a brochazos, unos faroles que aullaban, un amanecer perfectamente coloreado, nuevas calles, como hacía días que no las descubría.
La ventana dio las opciones de ser el mejor proyector de siluetas, monstruos delineados, que al mismo tiempo se convertían en personajes de fabulas sin enseñanza, y luego eran el encuadre de la Eureka, el descubrimiento y evidencia de la iluminación de tu película, tus ojos.
Y entonces amarre las coincidencias de mis pasos a mis zapatos, agarre mochila de viaje y a pesar de ver en la ventana, los diosas utópicas, las letras volando, la palabra sin mascaras, me fui al encuentro del amanecer con las formas, para ver si así lograba que algo amaneciera en mi.
Me percate entonces, que en mi hombro derecho se había posado una luciérnaga, de alas grandes, de luz en sepia, que dejaba pequeñas huellas en el vidrio de la noche, como bailando al son de mis silencios, esa complicidad que solo producen ellos. La agarre con mis manos y le acaricie las alas, jugué a las sombras con su luz, baile con silencio, la mire de frente sin temor a que me viera, le fabrique un casco espacial para mis noches de burbujas, la invite a volar conmigo.

jueves, 9 de agosto de 2012

La sonrisa de Frida también estaba rota.


La sonrisa de Frida también estaba rota.

Ese día era Su chávela solo el objeto de sus risas tantas veces esquivas y distantes, ella era la sorpresa de la tarde con vino y aire perfumado de tabaco, eran solo ellas dos, como tantas de las tardes que se pudiera uno imaginar.

Después de una elaborada serenara, su Chavelita, le propuso, ya que no había nada mas riguroso de hacer ese día, buscarle formas a las nubes, y encontrar alguna que otra casualidad en las palabras de revolución, que se les salían a borbotones. El instante que eterniza una foto, puede darnos tanto de un segundo, como un secreto, una vida y ese día, como salido de la magia del destino, el obturador, pudo acariciar el secreto a voces que narraban sus ojos.

Las risas que acompañaron el segundo cuando ella, su chávela, sintió que su pecho de paloma, se agitaba tan fuerte como el canto primerizo de cualquier pájaro al ver los primeros rayos. Era su Frida quien se apoderaba del cielo que las cubría y arrullaba y además le brindaba la caricia clandestina del amante furtivo, ese escape de la realidad que solo te da lo prohibido.

Esa tarde el cielo fue testigo de los besos apasionados, de sus primeras caricias al caer la tarde, de los cigarros encendidos en las palabras y los libros, entre el tequila y las canciones de amor, y sobretodo las de desamor.

Ese día Frida sonrió tanto por la complicidad de las caricias de su compañera, de su cómplice de la revolución del día, sabiendo que la batalla perdida en el amor de un elefante le hacia arder las entrañas, ella, su chávela, le revivía el calor de la piel que viaja con el viento y el humo. La amo en el silencio de las notas que se escapan afanosas de la guitarra de chávela, jamás se lo dijo, las dos con el presentimiento de la sonrisa de frida, ese día que la había utilizado tanto, se había roto, a razón de su secreto, en honor a su chávela.

lunes, 30 de julio de 2012

Farol


El Farol que tengo en mi cuarto para los avioncitos de Papel, para cuando lleguen los amaneceres

Astronauta


Tengo en mi pecho una jaula abierta para que lleguen las letras en avioncitos de papel.