viernes, 28 de diciembre de 2012

Panteón

(Despues de leer escuche esta cancion he imaginese viajando, y respirando nuevos aires http://www.youtube.com/watch?v=tWVczOJiAVA )

Mi soledad ha sugerido que deje de pensar, que a pesar que mi cerebro se mueva en miles de revoluciones, tengo el freno de mano, tengo las palabras y las ganas atoradas en la garganta.
Me pide que me levante y busque en lo desconocido de lo común de mi pueblo, algún lugar donde crear una rutina de café, esta vez sin cigarrillos, ella sabe que quizás eso no lo cumpliré, por el recuerdo de su recomendación, omita la parte que menciono el vicio.

Y no es que mis pensamientos sean malos o perversos, por lo contrario, están llenos de tanta poesía y significado que quien los viera, sabría de inmediato que está en mi cabeza, que no es un laberinto complejo, solo un laberinto con pistas diversas, un uróvoro de posibilidades que no se agotan porque simplemente siempre quedo con la incertidumbre de que hubiese pasado en esa otra posibilidad.

Quisiera ser mi gato sin tantos maullidos, solo con la mirada fija en su amo, que no entiende nada de sus instintos y sus ganas, de esa opresión en el pecho, de querer salir y no poder, de querer escapar pero siempre estar acorralado, atrapado.

Creo que eso es lo que pasa, estoy atrapada entre tanta telaraña de pensamiento y solo veo una ventana, aun a sabiendas que si subo la mirada tengo un cielo inmenso, pero las ganas de volar las tengo limitadas a los pasos, y no por que no vuele en mi soledad austera, es que esta soledad está arraigada al piso, se está convirtiendo en mi torturadora. Ya no es mi compañera placentera, ya no es mi cómplice de saber cómo es aquella, ya no me susurra en buenos términos mi evidente abandono de todo y de todos, ahora es la jueza que me encuentro en cada esquina de la casa recriminándome su presencia constante en mi vida, ella está cansada de mí, y yo me estoy acostumbrando de mala manera a ella.

Entonces corro desesperadamente a mi refugio, a mis libros, mis dibujos, y las esquivas letras que ya no se asoman a mi ventana, ni mueren en mis techos, ni se embriagan con luz de mis faroles, ellas se han cansado de salir sin sentido, ellas se han muerto de desamor primero que yo.

Quisiera llorarlas, enterrarlas y pronunciar silencios en su honor, pero no me atrevo a tocar sus cadáveres, por miedo a que se despierten enojadas por profanar donde decidieron morir, como si los restos de alma pegados a cada palabra y letra se hubiesen arraigado al dolor de mi soledad cansada, mis pensamientos inútiles y constantes, lo que yo decidí por cárcel para mis alas y el avioncito de papel que se desmorona en la jaula de mi pecho.

Entonces lleno de luces mi techo, como imitando a la noche estrellada y siento el viento triste del panteón de mis palabras, muertas de tantos pensamientos agolpados en la garganta, y otras tantas haciendo la peregrinación en la agonía, de sentir y no poder decir nada, por tener los significados cocidos en la espalda sin ningún lector cerca, sin ningún corazón que se compadezca de su agobiante destino, de su inminente muerte.

Asi que pienso que lo mejor es comenzar y retomar algunos pasos de mi peregrinaje, perderme en algún camino fumando el aire que trae la carretera, grabando en mi pecho el sonido otras tierras, llenando mi cabeza de solo pasos, del tiempo que da el camino y de vuelos cortos, con nuevas letras, con una soledad renovada.

Me voy con los atardeceres que me logre tatuar en este recorrido, y con la promesa en la esquina de la luna de volver pronto, quizás más triste, pero cubierta de pasos, quizás más sola, pero con más historias, quizás más callada, pero con la mente volando, quizás con más palabras, para el panteón que se ha creado en mi techo.