
Me he dedicado a verte de frente y presentirte, a saberte antigua en mi esencia, a buscar la parte de ti que tengo, a descubrir la parte de mí que me pertenece.
Me siento en medio de mi nada, pintada de miles de colores, y significados, me siento y miro al cielo destechado, esa danza que tiene la noche entre las siluetas de la luz que se ha quedado en el olvido, a verte en mi oscuridad, llena de tantas formas que crean otro mundo, tan divino y olvidado que siempre merece una nueva noche y sin quererlo te espero, no a que llegues y te quedes, no a que transformes tu vida a esta noche que me cargo encima, si nos por el contrario a que vengas, y no te quedes, a enamorarme ciertos instantes y olvidarte en los siguientes días, o por el contrario a inventarme otra historia, otra manera de contarte y enumerarte, y enamorarte sin que lo sepas, para que lo olvides siempre, parar que me des los instantes suficientes para pertenecer a tu vida como todo y nada, como una posibilidad.
Y acá te miro con mi devoción gitana por tu risa, con mi convicción nómada fijada en tu viento, como se ama el camino, como quien se conserva en todo lugar, contigo, sin ti. En los instantes que me dan los pasos, con las casualidades de tu camino y el mío, simples citas con el destino.
Y buscas que mis palabras sean coherentes, buscas las razones, yo busco las palabras para explicarte mi repentina necesidad de hablar, mi secreta intención para conocer tu historia, mi plan malévolo para que me recuerdes algunas veces en el día.
Dejo que mis palabras salgan sin intenciones que hagan algún efecto, dejo que sean como música en medio de mi bosque, que jugueteen con tu viento, con las alas de los pájaros, con los avioncitos de papel guardados en mi cajón, con la danza indiscreta del viento y tu cabello, solo espero que cada palabra se guarde en medio de la ciudad y la encuentres, no quiero participar del crimen de mi mente y mi atención, mi completa devoción por escucharte, así no digas nada, así busques en mi respuestas que no han encontrado el camino para tus oídos, las dejo perdidas para que compongas las frases que te indiquen tus pasos, para que tengas días de no prestarle importancia, y verme en mi humanidad común, convertida en tu diario, en tu buen consejo en las mañanas, sin papel aparente en la obra, sin ser la protagonista de tu día, sin embargo teniendo una parte del recuerdo, un instante de redención.
Así me despierto algunos días con tu recuerdo trepado en la cabeza y otros con tu imagen refundida en medio de mis escritos, perdida y conmigo, conmigo pero distraída, acompañándonos, aun después de todo, en frente, de lado, en medio, de espaldas, a ciegas o a contraluz, pero siempre en la misma habitación, en medio de la ciudad, en cualquier lugar.
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