Ella son tantas en una sola, tantos pensamientos como frases, tantos silencios como miedos, tantos días sin ella y conmigo.
Me he vuelto un pasajero silencioso en una esquina de su habitación imaginaria y veo como recoge de apoco los papeles de sus miedos, y las sonrisas de su sueños, y los archiva y atrinchera en un rincón donde los ve, pero no le estorban. Se sienta en le medio de su mundo al revés, un caos anunciado, una entropía que permite desde mi vista, descubrir el hermoso paraíso de letras y palabras.
Me siento en la esquina donde no me vea ni me recuerde, para no interrumpir su rutina, para detallar sin sobresaltos la vida de sus manos, los instantes de soledad aparente, así huya cada día del mundo que la rodea, así cada papel tenga una historia y ella no la recuerde, su habitación, llena de balcones me cuentan sus recorridos, me reclaman por un oído para sus historias, y yo quedo en medio viendo las letras organizarse para invadirle el alma, viendo como recurren a todos los estados de la memoria de sus ojos, el recuerdo aprobado de salir de su rincón, para vivir y sobrevivir por ella.
Es fascinante ver todas las ventanas que se construyen cuando ella entra, es hipnotizador el sonido de su risa jugando a las escondidas, y aunque ella dice y reclama que no existe su vuelo, sus alas rodean el edificio y sus ojos siempre señalan su norte, ella vuela sin darse cuenta que lo hace, no quiere creer que después de pasar de los edificios cercanos se extiende un mundo que se va construyendo con su paso, y que se desmorona cuando ella se va.
Y yo me quedo inmóvil, con todos sus balcones, con todas sus ganas y con todas sus miradas a la nada o a mi, a la final yo no existo en su cuarto y es así por que no quiero irrumpir en su mundo y cambiar el orden de su caos, por que quiero que cuando ella mire a la nada me vea a mi y detalle sus balcones y se de cuenta de las miles de ventanas que la rodean y sienta el aleteo de sus alas.
Entonces me siento como espectadora a ver como realiza su vida, y cuando mira, me mira, y se queda detenida en la nada y en mi, pensando cuando será el día que vea la ventana que le ilumina la espalda, que se tatúa en su piel y aunque ella no lo ve por que se detiene en lo profundo y oscuro de su cuarto, el resto de papeles letras y palabras le construyen siempre que mira, un puente para poder salir por las ventanas que esperan siempre ser vistas.
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