Soñé que de cerca, un gato se posaba en mi ventana y se queda allí toda la noche mirando mis sueños recorrer por mi espalda, hasta llegar a mi cabeza, soñé que me invitaba a volar por los tejados, buscando la mejor proyección de faroles para imaginarla en sombras y luces, para acompañar mi canto felino y rasgado por su ausencia, o quizás su indiferencia.
Hoy me escapo con el gato en la ventana por que me he dejado consumir por la soledad del cuarto, y me he dormido sin extender tan siquiera un poco las alas para despejar los pensamientos, para dejar de pensar.
Y entonces en mi indefensa seguridad sigo al gato con saltitos pequeños en los tejados cercanos, desconocidos por las alas y por los pasos somnolientos de sueños, hasta derrumbados por la realidad.
Saltamos cada tres tejados y nos paramos en uno buscando una buena visibilidad de alguna ventana, algunas veces nos encontramos uno que otro balcón y le pido que esperemos, le digo que tengo la ilusión que algún día por un motivo inesperado se abra alguno y me muestre la sombra que dejo su recuerdo y su ausencia en la pared.
Me muevo torpemente, las alas rozan con los tejados y hacen un sonido de lluvia que me recuerda las tardes donde me pierdo en las gotas pensado simplemente en su paradero casi invisible, casi tangible para mis oídos.
Entonces me sumo en el saltito de tejado a tejado, casi como un milonga movida y coordinada, danzando con el gato, con los tejados, con los faroles, las estrellas y la luna, todo se mueve al unisonó, mis pasos, el traqueo de los tejados, el salto del gato y su cola rozando con las antenas, las estrellas inmóviles y la luna girando y mirando, como espectadora y bailarina.
Todos danzan todos se mueven y cuando comienzo a disfrutar del baile cómplice y dinámico, el gato se queda quieto y se sienta. Comienzo a ver como las estrellas se organizan y duermen entrelazadas por su lazo de sabiduría y lejanía, el silencio nos invade y todo, como en la magia de las noches donde solo pienso en ella, comienza a sonar, comienza a tener sentido así no la vea así la sienta en cada instante y ella no lo crea , y si así lo cree no me importa por que el paisaje que tengo del farol que me muestra el gato es hermoso que me dedico a observar por primera vez en silencio, sin búsqueda y sin certezas. Me siento dejando mis pies en el aire, como el reflejo del niño que los mueve para sentir que nada le asegura su sueño y que en cualquier momento puedo emprender el viaje de avión de papel, con el gato que siempre me acompaña en las noches donde no la encuentro o ella se esconde. Donde la dulzura tiene el encanto de su silencio, donde ella existe en una y miles de ventanas y faroles, donde allá no esta y no importa si no esta.
Y entonces de la nada, aparece una trapecista con una sola Valeta de ballet tratando de cruzar un cable a lo lejos, la escena es tan conmovedora que retrae toda mi atención y mis sentidos, es como si con cada paso, uno calzado y otro desnudo tocara una melodía extraña y simple.
Es tan hermosa la escena y yo me quedo sin musitar palabra viendo como a cada intento aunque se desgarra, sus pasos son firmes y su mirada serena. Sabe lo que hace. Aunque no confié ni en el viento, ni en el cable ni en la noche, lo hace por su corazonada, por su convicción, casi por su terquedad.
Ella presiente mi mirada y trata de evadirla, acelera su paso, la practica de su andar y yo no puedo moverme de donde me encuentro. Miro al frente y la sombra de sus pasos dibujan sin pensarlo, la ruta de vuelta a mi habitación. Sonrió y pienso en la ironía de ir al lugar donde su sombra siempre llega.
El gato ronronea a mi costado y me doy cuenta que dimos vueltas en círculos, que mis ansias de llegar, no me dejaron ver el paisaje que me mostraba mi tejado! Mi propia ventana. Sonrió con complicidad y veo como el sol comienza a salir escapando de su tenue sueño y ella sin decir nada mira mi ventana, mi tejado y se despide con la venia del artista, yo lanzo una mirada de agradecimiento.
Confieso que todas las noches quisiera verla en su intento de pasar al otro lado a ver que descubre, pero se que nunca va a pasar, por que aun le falta su otra Valeta para caminar y hasta que no la encuentre no llegara al final. Yo seguiré subiéndome al tejado con este tonto gato, a mirar los faroles, la luna, las estrellas así ella no venga, así casi siempre llueva, solo para recordar la música de sus pies y la cuerda para imaginar como su sombra siempre llega a mi cuarto marca una rayita en la pared y se va. Y me quedare aquí hasta que pase, y pueda ver mas de cerca sus ojos fijos y tenues, y escuchar por sin completa la melodía que hacen sus pies, al caminar por la cuerda.
http://www.youtube.com/watch?v=etLa1xipu0g
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